miércoles, 25 de abril de 2007

Ahora

AHORA que has dejado de arrastrarte y de comer tierra,

hijo mío, discípulo de Heliogábalo,

lento imitador de tu padre;

ahora que los días se amontonan en tus manos

mientras el mundo que ignoras todavía

se desangra

en algún punto remoto de la tierra.

Ahora que has aprendido tu primer vocablo

y quieres ya marcharte,

Ingenioso Hidalgo Don Quijote,

a conocer la vida,

como si fuera del cascarón donde tú creces,

Marco Polo, trotamundo a dedo,

transcurrieran los días lindamente o

los niños, como tú, también sonrieran

y sus mejillas reventaran de salud.

Pero no es así como tú crees, hijo mío;

alguna vez te darás cuenta

que fuera de las cuatro paredes donde tú habitas,

Tarzán de la Jungla de tu casa,

una selva muy oscura es el mundo,

donde animales bípedos se matan,

ritualmente se destrozan la existencia.

Verás como la muerte vuela sobre cuatro alas

o sobre cuatro ruedas o sobre dos pies disciplinados

marcando idiotamente el paso.

Como la vida acaba en menos de lo que canta un gallo.

Hombres sin rostro verás y solo con un signo de alarma

entre los hombros,

mujeres también verás y querrás acariciar como se debe

lo que suelen llevar entre paréntesis;

pero la vida ya no es ningún enigma, hijo mío.

La Historia se junta en un montón

de hechos muy odiosos.

Verás cómo homo homini lupus

y querrás traducir este latín inútil.

Juzgarás a los hombres por sus obras,

más ahí estará el problema.

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